Hay una frase que se escucha en todos lados y que ya casi nadie discute: «la inteligencia artificial no te va a robar el trabajo, te lo va a robar alguien que sepa usarla». El problema es que la frase, a fuerza de repetirse, perdió peso. Suena a slogan. Suena a algo que pasa en otro lado, en otra industria, con otra gente.
Hasta que te sentás a charlar con alguien que la está usando todos los días en una profesión donde supuestamente «no se puede». Como la abogacía.
En este episodio del podcast de Pioneros IA entrevisté a Ernesto Taboada, abogado con más de 20 años de experiencia, miembro de nuestra comunidad. Lo que cuenta Ernesto rompe la idea de que la inteligencia artificial es algo solo para programadores, para gente joven o para empresas tecnológicas. Es una historia concreta, con números, con tareas reales, con un antes y un después medido en horas de trabajo y dinero ahorrado.
Si sos profesional, si tenés un equipo, si hace años que hacés lo mismo y empezás a sentir que algo se te está escapando, esto te va a interesar.
El día antes y el día después de la IA en un estudio jurídico
Para entender el cambio hay que entender cómo era el trabajo antes. Ernesto lo cuenta sin vueltas: una demanda compleja le llevaba entre 7 y 10 horas de trabajo, distribuidas en dos o tres días. Las más complejas, semanas o meses. Buscar libros, buscar jurisprudencia, leer convenios, armar liquidaciones en Excel, redactar a mano, ir a tribunales en persona.
Eso era hace cinco o seis años. No es la prehistoria.
Hoy, una liquidación laboral que antes le tomaba dos o tres horas, le toma dos o tres minutos.
No es exageración ni marketing. Es un sistema concreto que se armó con N8N, una herramienta de automatización. El flujo funciona así:
- Carga los datos del cliente y del empleador en un formulario
- Describe brevemente las tareas que hacía el trabajador
- El sistema identifica el convenio colectivo correspondiente
- Encuentra la categoría laboral
- Busca la escala salarial actualizada del mes
- Calcula horas extras, adicionales, todo
- Genera la liquidación en Google Sheets
- Arma el escrito con los fundamentos jurídicos
- Lo formatea para enviar por correo argentino
Tres minutos. Lo que antes era artesanía pura, hoy es un sistema que corre solo. Y atención: lo armó un abogado, no un programador.
«No es lo mismo usar IA que saber usar IA»
Esta es probablemente la frase más importante del episodio. Ernesto la dice así, con todas las letras: la mayoría de los profesionales que dicen «yo ya uso ChatGPT» en realidad no la están usando bien.
Le preguntan cualquier cosa, la IA les contesta cualquier cosa, sienten que es una herramienta interesante y se quedan ahí. El salto está en otro lado.
El salto aparece cuando empezás a fragmentar tu trabajo en tareas pequeñas y le pedís a la IA que te ayude tarea por tarea. Cuando le das contexto. Cuando le pedís que asuma un rol específico. Cuando iterás tres, cuatro, cinco veces hasta que te entrega exactamente lo que necesitás.
Ahí pasa algo curioso. La IA deja de ser «algo que te ayuda con cosas chicas» y se convierte en un colega muy preparado con el que charlás todo el día. Un colega que te ayuda a pensar, a redactar, a investigar, a estructurar argumentos.
Si querés dar ese salto y dejar de usar la IA como un buscador glorificado, en Pioneros IA trabajamos exactamente eso: cómo armar sistemas reales que te ahorren tiempo y te diferencien profesionalmente.
El error de creer que tu experiencia te protege
Hay una idea que aparece todo el tiempo en los profesionales con más años de experiencia: «yo lo hago mejor que la IA». Y Ernesto, que tiene 20 años de profesión, dice algo importante sobre esto.
Es parcialmente cierto. Un abogado con experiencia puede redactar un escrito mejor que la IA si ambos parten de cero.
Pero esa no es la comparación que importa.
La comparación real es entre un abogado experimentado sin IA y un abogado experimentado con IA bien usada. Y ahí no hay competencia. El segundo gana por goleada. Hace lo mismo en menos tiempo, con menos errores, con más alternativas exploradas y con la posibilidad de tomar más casos.
Ernesto lo plantea así: la IA generativa no compite con tu experiencia, la potencia. Si vos le ponés tu criterio profesional encima a un buen sistema, el resultado es algo que ningún profesional sin IA puede igualar.
Las skills de Claude: cuando la IA escribe tus demandas
Uno de los ejemplos más fuertes del episodio es cuando Ernesto cuenta que le pagaba a gente externa para escribir demandas. Era parte normal del costo del estudio.
Hoy, usa una skill de Claude que él mismo armó. Le explicó a Claude paso a paso cómo escribe él una demanda, le dio ejemplos de demandas propias, y Claude generó la skill. Ahora, cuando entra un caso nuevo, le pasa la carpeta del cliente a Claude Cowork y recibe un Word terminado, listo para revisar.
Es decir: una tarea que tercerizaba pagando, ahora la hace internamente, en minutos, sin pagar nada extra. Y con la calidad de su propio estilo de redacción.
Esto no es ciencia ficción. Esto es lo que cualquier profesional puede armar hoy si se forma bien.
«Yo amo mi profesión, pero estaba cansado de la repetición»
Esta es la parte más humana del episodio, y la que probablemente más resuene con muchos profesionales.
Ernesto dice algo que te toca: después de más de 20 años ejerciendo, no estaba cansado de la abogacía. Estaba cansado de la repetición. De hacer las mismas cosas mil veces. De lo administrativo. De armar carpetas, mover archivos, pegar datos en Excel.
Lo que más le gusta de su profesión es argumentar, pensar los casos, encontrar estrategias. Y todo eso quedaba sepultado bajo horas de trabajo tedioso.
La IA le sacó eso de encima.
Hoy, las tareas administrativas las hace un sistema. Las búsquedas de jurisprudencia las hace una investigación profunda. Las liquidaciones se calculan solas. Los escritos se redactan en una primera versión que él después revisa.
¿El resultado? Vuelve a tener tiempo para lo que ama hacer. Vuelve a tener ganas. Lo cuenta con energía: «me da muchísimas más ganas, cada cosa que hago la disfruto más».
Eso es lo que está en juego para muchos profesionales que llevan años en lo mismo. No es solo eficiencia. Es volver a disfrutar tu trabajo.
El que finge demencia: la conversación que nadie quiere tener
En el episodio aparece un tema incómodo. Ernesto cuenta que cuando habla con colegas, la mayoría reacciona con resistencia o con disimulo.
Le dicen «sí, lo uso para algunas cosas» pero se nota que no están usando nada. O peor, le dicen «en lo mío no va a pasar, mi trabajo es muy de trato con la gente».
Hay una palabra que apareció en la conversación y que se quedó dando vueltas: fingir demencia. La gente, en el fondo, sabe que algo grande está pasando. Pero prefiere no mirarlo de frente. Prefiere creer que va a poder seguir con su rutina hasta jubilarse, sin sobresaltos.
El problema es que la realidad no se ajusta a esa preferencia. El cambio se aceleró. Y los profesionales que están aprendiendo a usar bien la inteligencia artificial ya están sacando ventaja. No dentro de cinco años. Ahora.
Ernesto lo resume con una frase que pega fuerte: «la IA no te va a robar el trabajo. Pero sí te lo va a robar uno que la use bien, mientras vos te quedás haciendo como que está todo igual que antes».
Cómo empezar: el método de Ernesto
Para alguien que se queda con todo esto y dice «ok, yo también quiero», Ernesto da un consejo concreto y simple:
Agarrá un papel. Listá una por una todas las tareas de tu trabajo. Las tuyas y las de tu equipo. Conseguir clientes, entrevistarlos, redactar, calcular, enviar, hacer seguimiento. Todas. Sin filtrar.
Después, sacale una foto a esa lista, subila a una IA y preguntale por dónde empezar. Ya con eso vas a tener un montón de ideas.
A partir de ahí, es probar. Equivocarte. Probar de nuevo. Mejorar.
Y acá viene la otra parte importante: la formación y la comunidad. Porque mandándote solo podés llegar lejos, pero te vas a tropezar con cosas que alguien con experiencia te resuelve en cinco minutos. Y porque hablar con personas que están en lo mismo te valida, te motiva, te empuja. No es accesorio. Es central.
Conclusiones
Lo que cuenta Ernesto no es un caso aislado. Es un caso que muestra hacia dónde va el trabajo profesional. Quien aprenda a usar bien la inteligencia artificial va a hacer en minutos lo que otros siguen haciendo en horas. Va a tomar más casos, va a cobrar mejor, va a disfrutar más lo que hace.
Y quien decida fingir demencia va a empezar a quedarse atrás. No de manera dramática, no de un día para el otro. Pero sí de manera constante, casi imperceptible, hasta que un día se da cuenta que su valor profesional bajó sin que nadie le avisara.
La buena noticia es que para subirse no hace falta ser programador, ni tener veintipocos, ni cambiar de industria. Hace falta decidirse, formarse, probar, equivocarse y volver a probar.
Y rodearte de gente que esté haciendo lo mismo.
Si querés escuchar el episodio completo con Ernesto, donde profundiza en sus sistemas, en cómo armó cada automatización y en su visión sobre el futuro de la profesión, está disponible en todas las plataformas de podcast. Y si querés sumarte a la comunidad de profesionales que están dando este salto, te esperamos en Pioneros IA.
