Hasta hace un año y medio, Alejandra no tenía ChatGPT instalado en el celular. Llevaba el registro de ventas de su negocio en cuadernos de colores, anotando a mano la fecha, la cubierta y la sucursal. Muchas noches terminaba a la una de la madrugada sumando números para decidir qué comprar.
Hoy tiene cinco gomerías en la zona oeste del conurbano bonaerense, un stock que todas las sucursales ven en tiempo real, un agente de inteligencia artificial que atiende el WhatsApp y un asesor comercial armado por ella misma que la acompaña en las decisiones de compra.
En este episodio del podcast charlamos con Alejandra, empresaria y parte de la comunidad de Pioneros IA. Tiene 53 años, se define "cero tech" y sabe apenas un poco de Excel. Y justamente por eso su historia vale la pena: muestra cómo se ve la IA aplicada en un negocio de verdad, con problemas de verdad, sin programar y sin promesas mágicas.
Porque acá no hay atajos. Hay un proceso, con etapas, con errores y con domingos de trabajo. Y hay algo que nos toca a todos: la sensación de que lo que funcionó durante años ya no alcanza.
Alejandra y su marido, Walter, tienen gomerías hace 22 años. Arrancaron con una, llegaron a cuatro y hoy son cinco. Él se ocupa de lo operativo y ella de lo administrativo.
Walter compraba de memoria. Sabía qué se movía y qué no. Alejandra, que se reconoce poco memoriosa, empezó a anotar todo: cuántas cubiertas vendía cada sucursal, de qué medida, en qué fecha. A fin de mes miraba los cuadernos y con eso decidían las compras.
Las patentes de los autos que entraban también iban a una planilla de papel. Se juntaban cajas y cajas de papeles.
Y algo importante que ella misma remarca: con ese sistema tomaron buenas decisiones. Crecieron. No es la historia de un negocio que funcionaba mal y la IA lo salvó. Es la historia de un negocio que funcionaba bien y que, de golpe, necesitó funcionar distinto.
Lo que no aparecía en ningún cuaderno era el tiempo. Alejandra se sentaba horas a procesar todo a mano. Su marido le decía que no podía seguir trabajando tanto. Pero había que hacerlo, porque de esos números dependían las compras.
Si trabajás en tareas administrativas, seguramente conocés esa sensación: el trabajo que sostiene todo, que nadie ve y que te come las noches.
Cuando Alejandra empezó a aprender inteligencia artificial, tenía un objetivo claro: ganar tiempo libre. La idea era dejar una IA trabajando por ella.
No pasó exactamente eso. Pasó algo mejor.
Dejó de ser la bombera del negocio. Dejó de apagar incendios todos los días para ocuparse de lo que le corresponde a una dueña: gestionar, decidir, delegar y enseñar.
Y esto tiene un efecto multiplicador. Antes ella atendía un mostrador. Ahora hay cinco mostradores con sus empleadas. Todo lo que Alejandra iba aprendiendo se lo iba enseñando a ellas, y el equipo fue incorporando las herramientas casi sin darse cuenta.
Acá está una de las claves del episodio. Alejandra no saltó del cuaderno a un sistema sofisticado de un día para el otro. Fue por etapas.
El primer paso fue simple: formularios de Google que se volcaban en una planilla de Google Sheets. Las chicas de cada sucursal los completaban a medida que atendían, y Alejandra filtraba los datos.
Los cuadernos desaparecieron. Y encima ya no tenía que cargar nada a la noche: la información llegaba sola.
Con el tiempo, los formularios se transformaron en una aplicación que las empleadas usan desde el celular. Cargan la patente, el pago, la cubierta, todo. Esos datos van a una base de datos y se ven en un dashboard, un tablero que muestra el estado del negocio de un vistazo.
Hoy, cuando entra un auto, buscan la patente en el sistema y ven cuándo vino, qué compró y qué problema tenía. Antes eso implicaba revolver papeles.
Durante meses, la pregunta de Alejandra en la comunidad fue siempre la misma: cómo gestiono el stock.
Su planteo tenía lógica. Tenían alrededor de 3.000 cubiertas. Todas negras, todas redondas. Contarlas generaba confusión. Y no se puede inventariar mientras se trabaja.
Resolverlo no fue mágico. Requirió trabajar domingos y hacer un cambio de estructura. Pero hoy las cinco sucursales ven el stock real y en línea.
Antes perdían mañanas enteras buscando cubiertas que supuestamente estaban en otra sucursal. Ahora alguien pregunta si en Moreno tienen dos cubiertas rodado 18 para una Jeep Renegade, lo confirma en el tablero y las manda al día siguiente en el camioncito que recorre las sucursales.
Dos sucursales concentran la mayor parte del stock y las otras tres dependen de ellas. El tablero muestra todas las sucursales en columnas, medida por medida. Así se arma la reposición diaria.
En un momento, Alejandra sintió lo que siente mucha gente cuando entra al mundo de la IA: que es un libro de doce mil páginas. Que hay demasiadas herramientas, demasiados temas, demasiadas preguntas de otros compañeros que no entendía.
La tentación era decir "esto no es para mí".
Y ahí se hizo una pregunta que lo ordenó todo: ¿para qué me serviría saber todo? Lo que necesitaba era ojo clínico para detectar qué le servía a su negocio. Y ese ojo clínico ya lo tenía, porque conoce su actividad mejor que nadie.
La otra parte fue animarse a preguntar. Ella misma cuenta que al principio le daba vergüenza. Pensaba que compañeros con perfil más técnico iban a creer que no sabía nada. Nunca pasó. En sus palabras, por algo se llama comunidad.
Si te sentís identificado con esto, con la sensación de que la IA es enorme y no sabés por dónde empezar, en Pioneros IA trabajamos justamente eso: elegir qué problema concreto resolver primero, con un método y con gente que está en la misma que vos.
Durante 20 años, el negocio creció en un contexto inflacionario. Los costos subían, los precios subían y la gente seguía consumiendo.
Después se abrió el mercado, entraron las cubiertas importadas más baratas y esa lógica se terminó. Según cuenta Alejandra, hoy muchas cubiertas se venden prácticamente al costo. Y con empleados, alquileres, máquinas e impuestos, no puede competir con alguien que vende desde su garaje.
Su conclusión fue clara: no quiere competir por precio, quiere competir por servicio.
Para eso armó lo que ella llama su asesor comercial. Usa ChatGPT, Gemini y NotebookLM, y a veces juega "a dos puntas": le pide a ChatGPT que le haga preguntas para construir el asesor y después lleva esas preguntas a Gemini.
¿Qué le pregunta? Por ejemplo, cómo está cambiando el parque automotor en Argentina. Hace unos años, lo más común eran las cubiertas rodado 14 y 15. Hoy los autos estándar salen con 16 y 17, y las SUV con 17 y 18.
Antes eso lo detectaban mirando los autos en la calle. Ahora el asesor la ayuda a anticipar qué va a tener que vender en dos años. Por ejemplo, le sugiere no comprar tantas cubiertas rodado 13 y tener solo lo justo de rodado 14.
También cruza datos con las patentes de los clientes. Si están volviendo autos de cierta antigüedad porque ya les toca cambiar cubiertas, el paso lógico es llamar a los de esa misma franja que todavía no vinieron.
De ahí salió una idea de servicio muy concreta. Si cambiaste las cubiertas hace tres o cuatro meses, te llaman para ofrecerte un chequeo visual, alineación y balanceo, y te dan turno en la sucursal que te quede cómoda.
La lógica, como ella la explica, no es venderte más. Es cuidar lo que ya compraste. Porque casi nadie mira las ruedas del auto, y la gente vive con mil cosas en la cabeza.
Antes eso no se hacía por una razón simple: no había tiempo. Todo el tiempo se iba en vender, renegar y controlar stock.
La otra pata es la atención al público. La idea inicial era un bot, pero terminó siendo un agente de inteligencia artificial conectado al WhatsApp del negocio. Se llama Teddy.
No responde solo horarios. Si alguien escribe que tiene una EcoSport y no sabe qué medida lleva, Teddy le indica las medidas posibles según el modelo y le sugiere que se fije en el costado de la cubierta. También explica para qué sirve el balanceo. Educa al cliente.
Tuvieron que aprender a ponerle límites, porque al principio respondía cualquier cosa. Ahora sabe cortar la charla.
Y acá viene lo más interesante. Según Alejandra, la enorme mayoría de la gente consulta el precio y la conversación muere ahí. Teddy puede reservar turnos, pero pocos cierran con el agente. Entonces, cuando la charla termina, les llega un correo con el nombre del cliente, la medida que preguntó y por qué terminó la conversación.
Y ahí entra una persona a rescatar esa venta. La IA captura, el humano cierra.
Alejandra calcula que en un mes malo hoy venden entre 500 y 600 cubiertas. Sin Teddy y sin la organización actual, estima que estarían en 300.
Hay una parte de la charla que seguramente le toca a muchos. Un negocio casi nunca lo maneja una sola persona. Lo manejás con tu pareja, con un socio, con un hermano. Y son dos voluntades.
Alejandra quería meter lo nuevo. Walter, que había crecido de otra manera, no quería saber nada. Si así estaban bien, ¿para qué cambiar?
Ella no lo forzó. Lo nuevo fue entrando solo, a través de los cinco mostradores. Walter empezó a ver que funcionaba. Hoy es él quien les pide a las chicas que miren el dashboard para organizar traslados de mercadería.
Su mensaje para quien esté en esa situación: no se trata de ganar o perder la discusión. Se trata de mejorar siempre.
Alejandra lo resume así. Su primer objetivo está cumplido: pueden irse de vacaciones y ver qué está pasando en los negocios sin tener que llamar a nadie.
Además, la comunicación interna entre sucursales funciona, la atención al cliente mejoró y ahora pueden proyectar a futuro con datos, y no solo con intuición.
Y un detalle de honestidad que vale oro: ella misma aclara que la quinta sucursal no se la debe a la inteligencia artificial. Y que el contexto económico golpeó las ventas como a todos. Lo que cambió fue la organización, el servicio y la capacidad de decidir mejor.
La historia de Alejandra deja algunas ideas muy claras:
- No hace falta saber de tecnología. Hace falta conocer tu actividad y tus problemas.
- No hace falta aprender todo. Hace falta elegir un problema concreto y resolverlo.
- El camino es por etapas. Primero un formulario, después una aplicación, después un tablero, después un agente.
- La IA no reemplaza a las personas del negocio. Las libera para hacer lo que más valor tiene: decidir, enseñar y atender mejor.
- Animarse a preguntar es parte del proceso.
Al cierre del episodio, Alejandra le habla directo a quien está escuchando: no tengas miedo, no tengas vergüenza y conocé tu actividad. En un contexto tan cambiante como el de Argentina y Latinoamérica, lo que marca la diferencia es animarse a dar el paso.
Porque, como ella dice, cuando las circunstancias aprietan hay dos caminos: te das por vencido o mejorás.
Escuchá el episodio completo y contanos: ¿cuál es el cuaderno de colores de tu trabajo? ¿Qué tarea te está comiendo las noches hoy?
