Cristina Pineda y Pocho Costa conversan en el podcast; portada del episodio sobre agentes de IA

Es odontóloga y no sabía programar: así creó sus propios agentes de IA

Hace seis meses, Cristina Pineda usaba la inteligencia artificial para armar el inventario de su ropero. Hoy tiene agentes que trabajan solos, una consultoría propia para clínicas odontológicas y una metodología que ya probó en un cliente real.

Cristina es odontóloga. Tiene más de 30 años de trayectoria, trabaja en una entidad pública en Colombia y jamás había escrito una línea de código. Aun así, un día me mencionó una librería de Python de automatización, y yo pensé: el 99,9% de los odontólogos ni sabe cómo se llama eso.

En este episodio del podcast conversamos con ella sobre esos seis meses. Nos cuenta qué hizo, dónde se equivocó y qué aprendió en el camino. Y lo más útil: no es una historia de magia. Es una historia de trasnoches, de errores y de método.

Si alguna vez pensaste que todo esto de la IA es puro humo, esta charla es para vos.

Cristina empezó a escuchar el podcast hace unos tres años, en el camino de su casa al trabajo. Al principio no entendía buena parte de la jerga. Pero le quedó una idea dando vueltas: quiero aplicar esto en mi vida.

Usaba ChatGPT, como casi todos al comienzo. Y buscó dónde estudiar en Colombia, pero lo que encontraba estaba pensado para empresas de mil personas. No se veía ahí.

Se anotó en una lista de espera el año pasado. Pasaron los meses. En marzo le llegó la noticia de que había pasado a la entrevista.

Cuando le pregunté cómo era su relación con la IA hace seis meses, fue muy honesta. La usaba para cosas livianas, como llevar el inventario de su ropa. Era una forma de entender la herramienta, pero no de resolver algo importante.

Esa distancia entre «juego con la IA» y «resuelvo un problema real con la IA» es justo lo que cambió después.

Cristina dice que lo que más la transformó fue una sola idea: buscá siempre el problema que querés resolver.

Es lo que más se pierde cuando uno arranca. Sale una herramienta nueva y uno quiere usarla. Sale otra y quiere usarla también. Terminás con diez cuentas abiertas y ningún resultado.

Ella lo cuenta así: en vez de empezar con dos mil cosas para aprender, el programa la obligó a aterrizar. ¿Qué querés resolver? ¿Con qué responsabilidad? ¿Con qué cuidado de los datos?

Y esa lógica la llevó a tomar una decisión concreta: armar una consultoría propia con lo que ya sabía de salud.

Acá viene la parte que muchos quieren escuchar, porque es donde se ve si esto sirve o no.

En su trabajo de lunes a viernes, Cristina manejaba bases de datos todos los días. El proceso era siempre el mismo: bajar una tabla, mirar un archivo, filtrar, armar una tabla dinámica y llevarlo a otro lado.

Decidió construir un agente que lo hiciera solo. Usó ChatGPT y Claude, y las dos herramientas le dijeron lo mismo: esto no se hace en un solo paso, dividámoslo.

Antes de construir, pasó noches enteras armando el contexto: las normas, las variables, los problemas que había detectado, el resultado que quería y para qué. Ella insiste en esto: no fue un día ni fue magia. Fueron noches sin dormir.

El día que lo terminó, miró su computadora y vio cómo entraba sola a un sitio, ponía la clave, descargaba la base, la depuraba, generaba una nueva y se la pasaba a un segundo agente. Publicó la novedad en la comunidad de Pioneros y, según cuenta, lloró de la emoción.

El número que más me impresionó: ese trabajo antes le llevaba dos días. Ahora sale en unos diez minutos.

Pero ojo con lo que dice después. No se queda con el resultado sin más. Lo valida. Filtra una variable, rastrea lo que le suena raro, vuelve a la base original y lo compara a mano. Si hay un error, corrige las instrucciones. Como ya entiende cómo funciona, sabe dónde tocar.

Y hay algo más. Ese tiempo que ganó lo usa para analizar cosas que antes ni tenía tiempo de mirar.

Si querés aprender a construir este tipo de sistemas a partir de un problema real de tu trabajo, en Pioneros IA podés sumarte a la lista y ser de los primeros en enterarte de la próxima apertura.

Cristina también nos contó lo que salió mal, y me parece la parte más valiosa del episodio.

En plena racha de productividad, generó un informe para su entidad. Se veía impecable: estructurado, con gráficos, muy bien hecho a los ojos de cualquiera. Al día siguiente lo abrió para entregarlo y encontró un error.

Fue una frustración fuerte. Sintió que había perdido todo ese trabajo. Y lo peor: en ese momento no tenía el hábito de guardar contexto ni de cerrar cada sesión con un registro de lo hecho.

Su conclusión es muy clara: lo bonito no es que esté bien. Hay que volver, leer lo que la IA escribió y verificarlo. No por desconfianza, sino porque el afán te hace generar tanto que después no alcanzás ni a leerlo.

Volvió a los módulos, armó su rutina de arranque y cierre, y hoy revisa todo. Sus productos salen cada vez con menos errores, pero nunca sin control.

Yo le dije algo que creo de verdad: equivocarse es parte de aprender. Nadie aprende a caminar sin caerse.

Con lo que sabe de salud, del sistema de aseguramiento y de cómo funcionan las clínicas, Cristina creó su propio servicio: Visión 360, una metodología para mejorar la rentabilidad de clínicas odontológicas.

No es un diagnóstico del estilo «tu clínica no es rentable». Es una receta: qué información entra, qué problema queremos resolver, dónde está perdiendo plata la clínica hoy y cómo transformar los procesos para que gane más produciendo lo mismo.

Hizo su caso cero con una clínica real. Estos fueron algunos hallazgos:

  • El gerente pagaba dos plataformas de asignación de citas y solo las usaba para agendar. A los tres días de contárselo, la reunió con las dos marcas para explotarlas mejor.
  • Los laboratorios figuraban siempre en cero, cuando en odontología generan un egreso. Ese dato faltante distorsionaba la rentabilidad.
  • Una sola persona sostenía el 90% de la producción de la clínica, sobre todo en ortodoncia. Si esa persona se enfermaba, ¿qué pasaba? El gerente decidió sumar a alguien más.
  • Había una lista de pacientes que dejaron de venir. Hoy sus asistentes los llaman uno por uno.

Todo esto llega a su celular cada mes en un tablero. Antes atendían y atendían. Ahora deciden con datos y no con «siento que es así».

Le pregunté qué aprendió en ese camino y respondió sin vueltas: no es fácil y da mucho trabajo.

Aprendió que sola no iba a poder. Necesitó agentes de IA y también personas: una que controla los procesos que genera la IA y otra que la ayudó a enfocar el mercadeo de la marca. Para ella, la IA hace exponencial la experiencia, pero no la reemplaza. Lo que sabe de salud no lo sabe ninguna IA. Se lo tuvo que dar ella, con contexto.

Su rutina cambió por completo. Se levanta, hace ejercicio y revisa lo que sus agentes dejaron listo. Uno le reúne las publicaciones de calidad en salud y le resume solo las que aportan a su trabajo. Otro le trae los archivos de las plataformas de sus clientes.

Después va a su trabajo, donde los informes salen rápido y le queda tiempo para leerlos y corregirlos. A la noche revisa otras tareas programadas.

Además, tiene un emprendimiento de manualidades con diez años de historia, Chris Papers. Ahí también armó su libro maestro de marca, su agente y su control de inventarios.

Y en su trabajo público, la miran distinto. Hoy sus compañeros le preguntan cómo hacer cosas con IA.

Si tuviera que quedarme con tres ideas del episodio, serían estas.

Primero, el problema antes que la herramienta. Cristina no avanzó por usar más apps. Avanzó porque cada cosa que armó resolvía algo concreto.

Segundo, validar siempre. La IA te devuelve algo que se ve prolijo. Que se vea bien no significa que esté bien. Cristina lo aprendió con un informe perdido y hoy revisa todo.

Tercero, no hacerlo solo. Ella lo dice con claridad: la comunidad la empujó a publicar, a mostrar lo que hacía y a seguir cuando estaba frustrada. Y hay una parte que ninguna IA hace: tocar puertas, conectar con clientes y poner la cara.

Cristina escuchó el podcast durante tres años antes de animarse. Hoy dice que si pudiera hablarle a la Cristina de hace seis meses, le agradecería haber tomado la decisión. La pregunta para vos es cuánto más vas a esperar.

Si querés que tu próxima historia sea parecida, sumate a la lista de Pioneros IA y enterate primero cuando abramos.

Podés encontrar a Cristina en LinkedIn como Cristina CPM. Web de Cristina: https://cristinapinedaconsultoria.com/